Zaplana, El Descanso Del Guerrero

Se nos va Zaplana, el último "ogro" político de nuestro coqueto Congreso de los Diputados. A Zaplana le tocó el incómodo papel de ser el malo de la película, el que toca la fibra sensible de sus adversarios, el que se codea con los asuntos incómodos de su familia política, el que recibe los Mihuras a puerta gayola....
En la historia de nuestra reciente democracia, son varios los ogros políticos que han destacado: Alfonso Guerra, Álvarez-Cascos, Jesús Caldera, Alfredo Rubalcaba y Zaplana, sobretodo. Y lo curioso es que casi todos tuvieron un final quizás inmerecido.
Alfonso Guerra tuvo que salir del gobierno de González por la puerta de atrás, aunque sigue como ilustre diputado raso. Un hombre inteligente, culto y con gran sentido del humor que en cada proceso electoral le destinan cosos de tercera para seguir con aquello de "la derecha cavernaria", que algún voto que otro se sigue ganando gracias a esa frase.
Álvarez-Cascos acabó dejando la política y destacando más por sus amoríos que por su trabajo en el Gobierno de Aznar. Caldera... es la gran incógnita. Un hombre que se curró la oposición como pocos, trabajando para su amigo y líder Zapatero, y que pasó a un segundo plano mediático una vez que su jefe llegó a la Moncloa. ¿Qué pasó entre ellos? En esta segunda legislatura ni siquiera forma parte del Gobierno, y le destinan a hacer las veces de Aznar en una fundación política del PSOE.
Rubalcaba es de los pocos que se mantienen ahí arriba en sus puestos de ogros políticos, y ahora recompensado, entre comillas, con el importante aunque difícil puesto de Ministro del Interior.
Ahora Zaplana se ha visto fuera de lugar, y abandona la política, al menos hasta que Rajoy siga como líder de su partido. ¿Se merece Zaplana la imagen que tiene? ¿Por qué todo el mundo veía a él y a Acebes como los restos del Titanic pepeístico? Soy de los que opinan que el PP no entendió que sus dos últimos años de Gobierno malograron su imagen como partido de Gobierno, perdieron el centro y dejaron el poder tras una serie de desastres que fue utilizado de forma oportunista por la oposición, pero sin olvidar que fue Aznar quien no supo lidiar semejante toro.
Para colmo, durante dos años estuvieron Zaplana y Acebes dándole vueltas al tema de 11-M, con un sinsentido bestial. Pretendian dar la vuelta a la tortilla, pero sin darse cuenta de que la tortilla pesaba 200 toneladas, y era imposible. En mi opinión, Rajoy habría llegado a la presidencia del Gobierno si Trillo hubiese dimitido tras el accidente aéreo del YAK-42, también si Aznar hubiese dado la cara por el desastre del Prestige y, por supuesto, si hubiesen llevado con claridad el tema del 11-M, o mejor aún, si Aznar no se hubiese empeñado en salir en una foto para olvidar.
Las elecciones de 2004 no las perdió Rajoy. Esas elecciones no las hubiese ganado ni el mismísimo Kennedy da haber sido candidato por el PP. Sin embargo, Rajoy sí perdió las elecciones de 2008 por no haber sido capaz de hacer ese cambio político que busca ahora en su momento, es decir, tras la debacle del 2004. Ahora le surgen las tempestades que debió recoger en ese momento, y quizás así hubiese tenido sus opciones en su segundo intento.
En cualquier caso, Zaplana se nos va, y como es de ley, le deseamos buena suerte en su nueva vida como currante de chaqueta y corbata que, si no cumple, le despiden con preaviso y finiquito.