El Silencio De La Ministra

Hace unos días, en un recóndito paraje en la provincia de Toledo, un espacio de tierra de unos 40 metros fue engullido como si un monstruo proveniente del interior del planeta hubiese dado un buen mordisco. Todo aquello cayó sobre un túnel (según se dice, algunos lo desmienten) que el Ministerio de Obras Públicas está construyendo y que forma parte del trazado de la línea de AVE Madrid-Valencia. La tierra cayó sobre 12 camiones (según se dice, algunos lo desmienten) que se encontraban justo debajo en ese momento. Por fortuna, los obreros pudieron huir a tiempo y nadie resultó herido. El susto debió de ser enorme. Los primeros instantes debieron de ser de caos total. Seguramente comprobarían, antes que nada, que todo el mundo estaba bien. Por supuesto, alguien llamaría al 112 por si acaso hallaban heridos o si alguien necesitaba asistencia médica. Como aquello está perdido en la naturaleza, tardarían su tiempo en llegar. Mientras tanto, me imagino a los dos, tres o cuatro responsables allí presentes preguntándose qué había pasado, cómo había pasado y a ver cómo le contamos esto a nuestros superiores. Ellos llamarían a un superior, que a la vez llamaría de inmediato a otro superior más superior y éste a otro si cabe más superior, al cual, le tocó la papeleta de tener que hacer la llamada definitiva a….. ¡la Miniiiiiiiiiiiiistra!
La Ministra de Obras Públicas, Magdalena Álvarez, debió de recibir con estupor la noticia. “¡¿Otro socavón?! ¡Me cago en la mar salá!”. De su boca saldrían insultos varios, como es normal y perdonable en estos casos. Rápidamente avisaría a su secretaria para que llamase a dos o tres personas de su confianza, para tratar el tema con la máxima celeridad posible. Mientras, haría varias llamadas a responsables territoriales del Gobierno en Toledo.
Después de tomar un café con una galleta, la Ministra seguramente pudo reunirse con esas dos o tres personas de confianza en el Ministerio. Ella les explicaría lo más detalladamente posible la situación. Y el primer tema a debatir, seguramente, no fue cómo averiguar lo ocurrido. Para eso ya estaban in situ unos responsables que darían cuenta del suceso. Seguramente lo primero fue responder a la pregunta de: “¿Y ahora qué hacemos con la prensa?”. Un nuevo socavón no es un tema baladí, aunque haya ocurrido en la quinta puñeta y no en pleno barrio barcelonés. Algo habría que decir, se debieron de decir entre ellos, y de algún modo. Entonces, una de sus personas de confianza, debió de coger aire y seguramente dijo: “Magdalena, y…. ¿y por qué no te callas?” “¿Mande?”, debió de espetar la Ministra Álvarez. Y prosiguió el asesor: “Que digo yo, vamos, que…. Como esto ha ocurrido en el quinto pino, que no es algo que tenga trascendencia, ¿no? Total, no ha habido heridos, tan sólo 12 camiones destrozados, pero vamos, se incluye como gastos excepcionales en la derrama y ya está, ¿no? Pues eso, que no digamos nada”
Entonces, seguramente las cuatro personas presentes se miraron a los ojos con signos de aprobación, y decidieron hacer eso; más que nada porque nadie debió de exponer otra solución. Y así se hizo, seguramente, pues el Ministerio no informó de lo ocurrido, sino que fue la prensa quien conoció el caso y rápidamente pasó a los titulares de todos los medios de comunicación, en unos más que en otros. Ahora, me imagino, la Ministra Álvarez no tendrá más remedio que responder en el Congreso a preguntas del tipo de “¿por qué te callaste, Ministra?”