Calentito Enero

Empieza calentito este nuevo año y este mes de enero que, por otra parte, es de los más fríos que se recuerdan. Si todos nos acordamos del sofocante verano de 2002, en adelante recordaremos el frío invierno del 2009. Pero decía que estaba la cosa calentita por la cantidad de estupideces que siguen saliendo de las bocas de nuestros políticos y por las controversias que genera la figura de la Ministra de Fomento, Magdalena Álvarez. ¿Por dónde empezar?
La nevada. Una inesperada nevada cayó sobre media España, intensificándose en Castilla y León, País Vasco y Madrid. En Madrid, ciudad menos acostumbrada a las nieves cuantiosas, el temporal causó unos efectos a los que no está acostumbrada a combatir. Por consecuente, miles de coches apenas podían circular por las carreteras de circunvalación, especialmente la M-4. También el aeropuerto sufrió lo suyo, pues AENA tuvo que cerrar cuatro de las pistas de la moderna T-4, que sin duda es perfecta para un país aclímata, pero se ve que no lo es para una país que sufre los efectos negativos de la naturaleza desbordada como todo hijo de vecino. Este cierre produjo que cientos de pasajeros se quedaran sin vuelos, lo cual produjo un caos pues se ve que la organización fue un perfecto desastre.
Y cuando se produce caos, desorden e incertidumbre, siempre ocurre lo mismo, que los responsables esconden la cabeza bajo tierra a esperar que escampe el temporal. ¿De quién es la culpa de todo esto? Algunos pensarán que de Dios, por mandarnos semejante nevada, pero casi todos piensan que la culpable es la máxima responsable de todo el meollo transportil; uséase, la Ministra Álvarez, eterna en este blog. Estamos en el momento de preguntarnos qué falló, qué se pudo hacer, cómo se puede prever para futuras nevadas… ¿Fue una cadena de fallos humanos? ¿Fue que nadie tomó decisiones o se tomaron tarde y mal? ¿Fue que no había dinero ni materiales?
Está claro que cada país se organiza de cara a lo que está acostumbrado a tener y padecer. Por eso en Dinamarca están mejor preparados para las nevadas, pero peor para las altas temperaturas. Por eso en el verano de 2002 en Francia murieron tantos ancianos como consecuencias de las olas de calor, y en España ese número fue mínimo a pesar de que las temperaturas seguramente fueron mayores incluso.
El problema está en que los organismos deben gastar y prepararse también para los acontecimientos poco habituales. Sin duda puede padecer un despilfarro gastar los cada vez más escasos recursos económicos a cosas que a lo mejor no van a hacer falta en cinco años, pero… ¿y si hace falta? Los políticos deben dejar claro que esos gastos se tienen que producir, aunque sean políticamente poco rentables, ya que su uso y disfrute depende de acontecimientos climáticos poco habituales. La Ministra debería curarse en salud y en los próximos presupuestos incrementar el dinero para este tipo de recursos, y luego dejar muy claro a los ciudadanos que su dinero se ha ido en productos y materiales para evitar futuros caos.
El problema es, ¿de dónde reducimos el dinero para incrementarlo en esto otro? Ahí es cuando se iniciará una lucha en los distintos departamentos del Ministerio de Fomento. ¿Menos carreteras pero más sal anti nieve? Es cuestión de hacer números, seguro que se puede conseguir. Pero no sólo pudo fallar la escasez de materiales y medios, también fue nula la organización, y eso sí que se puede solucionar realizando un plan de emergencias adecuados a la situación.
Bueno Ministra, haga lo que tenga que hacer para que esto no se repita. Tire de las orejas que sean necesarias, incluso de la suya, pero lo que está claro es que una cosa es evitar el caos producido por una nevada y otra la malísima forma de actuar una vez producido ese caos. Lo primero es más difícil de evitar; lo segundo, sin duda mucho más fácil. Bastaría con una mejora en la comunicación entre responsables y afectados, y una mayor celeridad de actuación.
Un saludo, y mi solidaridad con los afectados, especialmente esas familias que esperaban viajar a sus países de origen transoceánicos y tuvieron que descansar sus huesos en el frío suelo del luminoso aeropuerto de Barajas.