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La Coctelera

porquenotecallas

9 Julio 2009

La Teta Ajena

 

    He comprobado recientemente que incluir la palabra "teta" en un post hace subir considerablemente el número de visitas al blog en cuestión. Hace unas semanas, escribí un post titulado "Ponerse Tetas", en relación a la frase dicha por la ministra Aido (o Aida). Desde entonces, el número de visitas a mi blog ha ascendido de manera considerable, pasando de las diez al día a tener entre cincuenta y setenta visitas diarias. Hoy publico un post llamado "La Teta Ajena", y prometo que no tiene como fin acaparar más entradas en este blog. Se debe, más bien, a una reflexión que lleva ya tiempo en mi cabeza.

    El otro día acudí a una de las mejores playas de España: la playa de los alemanes, en Zahara de los Atunes, provincia de Cádiz. En dicho lugar no se pasa un día de playa, sino que se vive un día de playa. Allí no se da uno un baño, sino que se adentra en la naturaleza aguada de la mar salada y cristalina. Pero, aparte de eso, en dicha playa vi tetas, muchas tetas. Esto es un fenómeno común en el litoral español y en casi todo el mundo. Uno va a la playa y ve sombrillas, gafas de sol, toallas, niños jugando, cometas volando y tetas, muchas tetas. Esta visión no me desagrada en absoluto. Para muchas mujeres se ha convertido en un hecho normal, común, mostrar sus senos en sitios públicos. Se considera normal mostrarlos en la playa a pesar de que a ninguna se  atrevería a hacer lo mismo en un parque situado a pocos metros de la playa. Pero la playa tiene ese hálito salvaje, de naturaleza, que hace a las mujeres convertirse en Evas y a los hombres en mirones.

    Entonces, llevo años reflexionando sobre este fenómeno, y en cómo puede repercutir en nuestros niños hoy en día. Si hacemos un regreso a nuestra infancia y pubertad, recordaremos que ver una teta era algo incluso más difícil que visionar un ovni. En esa época, ya sea en los 60, los 70, los primeros años de los 80 o los años 30 si el que me lee es octogenario, pues, ver una teta al aire era algo inimaginable. Las mujeres se ocupaban bien de esconderlas, de mostrar como mucho un canalillo que fuese tan sólo una pequeña muestra de lo que esos vestidos escondían.

    La teta era algo secreto, íntimo, intocable... y esta cualidad lo convertía en un tesoro por descubrir. Las tetas se imaginaban, se dibujaban en nuestras mentes púberes. Uno se enorgullecía si, bien por accidente o por casualidad, un milagro hacía que consiguiéramos ver una teta durante uno o dos segundos. Eso era como ver el último rayo verde; era lo suficientemente importante como para ir corriendo a la plazoleta del barrio para contárselo a los amigos. Y entonces ellos te envidiaban, y te pedían que les contaras todo con pelos y pezones. "Y entonces ella se creía que estaba sola en casa y salió de su cuarto desnuda... hasta que me vio, pegó un chillido y se metió corriendo en su cuarto".

    Y como ese milagro casi nunca ocurría, la única manera de ver una teta era a través de las revistas porno. Revistas que pasaban de mano en mano, de amigo a amigo. Revistas con las páginas pegadas y con manchas por doquier. Revistas que habían chupado muchas horas debajo de los colchones de nuestras camas, que tan sólo salían a respirar cuando las sacábamos para ojearlas debajo de las sábanas, o bien en los cuartos de baño, llevándolas ocultas dentro de los comics de Astérix o Tintín.

    Pero ahora, ese milagro ya no ocurre. En esa playa de Zahara, dos chicos de unos 8 y 10 años, jugaban y hablaban con la novia de su padre sin mirar, ni siquiera de reojo, a esas voluptuosas tetas que la joven colgaba de su pecho. Otros chicos de 12 a 14 años, se cruzaban por la orilla con un par de rubias guiris en topless, y no desviaron su mirada en ningún momento con la intención de observar, al menos unos segundos, aquellos turgentes pechos. Esas preciosidades fueron ignoradas por aquellos adolescentes, que ni sintieron curiosidad, atracción o deseo. Fue como pasar de largo y no pararse a dejarse embeber por la belleza del David de Miguel Ángel. El milagro de los pechos perfectos pasó inadvertido para esos chicos.

    Con lo cual, se llega a la conclusión de que la teta ajena ha dejado de ser un tesoro. Por lo tanto, ya no es un mito ni una joya ni un regalo de los dioses. Ahora es un elemento más del cuerpo femenino, que pasa inadvertido ante las nuevas generaciones de mocitos. Y, si se pierde el misterio de la teta, el afán por verlas y descubrirlas, ¿qué queda entonces de la libido de los primeros encuentros amorosos?

    Los milagros dejan de serlos si esos hechos se convierten en cotidianos. Si Dios se dejara ver todos los días, perdería su grandeza ante los hombres. Lo mismo ocurre con las tetas...

 

servido por porquenotecallas 7 comentarios compártelo

7 comentarios · Escribe aquí tu comentario

martin34

martin34 dijo

veni a mi casa que te las chupo esas lindas tetas!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!

29 Mayo 2010 | 07:35 PM

ssdfd

ssdfd dijo

q rricas

19 Junio 2010 | 01:28 AM

wsw

wsw dijo

onm si quiero hacerlo con tigo

19 Junio 2010 | 01:29 AM

ENRIQUE

ENRIQUE dijo

Estoy seguro de que encontrarás otra palabra para que te vueva a visitar.
Que estes bien.

27 Noviembre 2010 | 07:29 PM

joel

joel dijo

te las como mamita

29 Noviembre 2010 | 09:53 PM

lAIS

lAIS dijo

Muy buen post, creo que tienes toda la razón. A diario vemos tetas ya sea por televisión, revistas...y ya es algo normal. Aunque creo que solo es normal para las nuevas generaciones, para la mía (tengo 21 años) los chicos siguen alucinando al ir a la playa o al ver un par de tetas por televisión, supongo que están menos preparados que los niños jajaja saludos! PD: creo que algunos de los que te han comentado no han leído la entrada jajaj

20 Diciembre 2010 | 10:11 AM

Baxixo

Baxixo dijo

MMMMM, la del medio sin dudaa ta de puta madre xD

12 Marzo 2011 | 05:31 PM

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