El Malo De La Película

Olvidémonos hoy de las grandes tragedias de la vida, y hablemos de algo tan liviano como el despido de Risto Mejide por Telecinco. El personaje Risto, el que aparecía cada miércoles o martes enfundando unas gafas oscuras con las que crear más misterio, era sin duda el mayor acierto televisivo de los últimos tiempos. Acierto en cuanto a su capacidad para atraer al espectador, a llamar la atención, a movilizar y sugestionar a los espectadores con sus opiniones... Risto Mejide, el personaje, sí que era un auténtico experimento social. Cada semana, con sus comentarios y actitudes, iba tensando más su libertad en Operación Triunfo.
De siempre se ha sabido que la televisión es un medio muy agarrotado, donde cada cual tiene su sitio, su función y su intencionalidad. El guión rige a todos por igual, y nada puede ser improvisado, porque todo ese circo está cogido con pinzas, y al mínimo desvío, el tren puede descarrilar y perder el sentido y el control de la situación.
OT fue un programa que sorprendió a propios y extraños en el 2001. Los jóvenes cantantes acapararon la atención de todos, e hicieron llorar de emoción a abuelas, nietos, señoras y más de un señor que ojeaba de refilón. Pero la magia de la primera edición fue tal que, en las siguientes ediciones, aquel éxtasis fue imposible de superar y ni siquiera igualar. De hecho, sufrió una gran caída de audiencia e interés. Telecinco rescató el programa, pensando que aún podía dar unos buenos resultados, pero vio que los chavales, por muy guapos y talentosos que fuesen, no eran lo suficiente como para reflotar aquella nave, y ahí surgió el personaje de Risto. Personaje que no es original, puesto que fue adaptado de una figura que ya daba buenos réditos en la televisión americana.
Risto fue despedido anoche por ser lo que Telecinco quiso siempre que fuera. Su libertad ante la cámara era tal, que a veces todo aquello parecía que estaba en realidad orquestado. Era difícil pensar que esas discusiones fuesen reales. Risto contra todos empezaba a superar con creces la capacidad de los chavales y del propio concurso por hacerse notar. Quizás su problema fue que no supo administrar bien su libertad, que llegó a unos extremos difícilmente aceptables por las empresas que publicitan. Por un lado generaba audiencia, pero por otro, polémicas debido a sus sentencias con doble sentido. Siempre rozaba el delito verborréico, como cuando comparó la muerte de una abuela con la de un canario, o cuando se mofó de la cabra de los gitanos, o cuando sugirió la fealdad de una concursante y le dio como solución las operaciones estéticas.
Para disfrutar de Risto era necesario no tomárselo en serio, ni siquiera cuando rozaba lo impermisible. Pero el problema es que gran parte de la audiencia de OT son chavales de entre 15 y 18 años, y a esas edades no todos saben distinguir al personaje de la persona.
Anoche presenciamos, sin duda, el programa de OT más aburrido de todos los habidos hasta la fecha. Faltaba el malo de la película. Una peli en la que todos son buenos no tiene sentido, y menos aún si entre los finalistas no están los que realmente merecen la pena. A Telecinco le va a costar horrores sustituir a Risto y hacerle olvidar. Ellos crearon a la bestia, y ahora la bestia se va a llevar un porcentaje curioso de espectadores. Quizás prefieran estar solos que mal acompañados. Pero, si la razón del despido fue que Risto aconsejara cambiar de canal y ver el capítulo final de El Internado... entonces es que demuestran que no tienen ni idea de televisión, porque diciendo esas palabras, lo que conseguía Risto realmente era atrapar más aún al espectador.
Pero, conociendo el tema, quizás este despido forme parte de un teatro total y acabe con aparición estelar de Risto en la final o, incluso, en un programa propio.
Y hasta aquí los temas livianos.
ptqkdr dijo
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4 Diciembre 2010 | 04:31 PM