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porquenotecallas

22 Julio 2009

Los Niños Que No Respetaban A Las Niñas

     

    En una misma semana se han dado dos casos muy parecidos protagonizados por chicos varones menores de edad y en los que la víctima era, igualmente, una chica menor de edad. En ambos casos, un grupo de chavales arrinconaron a una chica de 13 años, indefensa, y abusaron sexualmente de ella. Estos dos hechos han acabado de la misma forma: con los chicos detenidos y la víctima con un gran trauma que superar.

    Efectivamente los chicos han sido detenidos, pero aquellos que no llegaban a los 14 años han podido dormir en sus casas y no serán ni siquiera juzgados, pues no entran en la edad para ser considerados responsables penales de sus actos. Sin embargo, tantos los de 13 como los que superan los 14 años, obraron por igual, y actuaron de una manera cruel y, al parecer, sin ninguna sensación de estar haciendo algo terrible tanto para la chica como para ellos mismos.

    Todos hemos sido niños y adolescentes, todos hemos tenido una pandilla de barrio con la que quedar para jugar al fútbol, montar en bicicleta, comer pipas en un banco mientras se habla de coches y chicas... Y a veces surgían las travesuras, como tirar huevos o globos rellenos de agua desde la azotea, o tirar naranjas a la carretera para que los coches los estrujaran. Pero, difícilmente recordaremos haber siquiera rozado el delito. Había algo en nuestras mentes que nos decía que había ciertas cosas que no se podían hacer, y por ello ni siquiera se pasaba por nuestras cabezas hacerlo.

    Con quince años se tiene muchas ganas de experimentar con el sexo, y si no te comes ni una rosca te cabreas porque tus amigos hacen cosas y tú no, pero no cabe otra que aguantarse y seguir intentándolo. A ningún chico se le ocurría arrinconar a una compañera de clase y violarla.

    Es verdad que no podemos generalizar, ni siquiera aunque esta violación cometida entre menores se haya repetido en la misma semana. Pero sí creo que es fácilmente observable que los niños de hoy en día tienden a pasarse de la raya más a menudo. Por poner un ejemplo personal, yo recuerdo que en mi infancia, la máxima gamberrada que un niño de mi bloque hacía en su edificio era echar escupitajos en las puertas del ascensor, o quizás incluso dibujar un órgano masculino en erección... Sin embargo, adolescentes de hoy en día, en mi bloque, han llegado a romper material común, como muebles de la portería, los buzones individuales, cristales de los ascensores e incluso han llegado a vaciar un extintor en el portal.

    Quizás es que los niños de hoy en día viven con un margen de libertad mayor que nunca, y viven con la sensación de no estar tan acotados como antes. Y todo debido a ese pensamiento de que los niños no pueden recibir castigos. En España se ha pasado de pegar con una regla o con el cinturón al niño que se comportaba mal, a casi pedirle perdón por decirle que no haga esas cosas malas. Da la sensación de que a los niños hay que tratarles entre algodones, convirtiéndoles en una especie de virreyes de nuestros hogares. Y esto se ha convertido en costumbre y, lo que es peor, en leyes.

    No hay que olvidar que los niños son personas que están haciéndose, y que en ese proceso, habrá momentos en los que obren bien y otros en los que obren mal. Y si no se les educa para que tengan un concepto claro del bien y del mal, y de hasta dónde se puede llegar y hasta dónde no, el resultado es el que vemos a menudo en nuestras calles y colegios: adolescentes que se creen los reyes del mambo.

    Y todo radica en la educación que ellos reciben en sus casas. Es necesario una autoridad, la cual no conlleva palos y golpes, sino una formación en la que quede claro qué normas se tienen que respetar. A los niños hay que ofrecerles lo mejor... pero eso no significa darles todo. No hay ninguna necesidad de que los hijos parezcan los terratenientes de la comarca, recibiendo presentes sin parar y sin ninguna justificación. Los niños tienen que aprender desde pequeños a valorar el esfuerzo y la recompensa, y que en la vida no todo llega como llovido del cielo. Los padres, a su vez, no pueden pensar que lo mejor es llenar la vida de sus hijos de teles, ordenadores y consolas para que así no den la lata. Es muy habitual ver niños de diez años jugando a la "play" en sitios tan inverosímiles como un restaurante, pasando completamente de todo y abstraídos en los juegos.

    Hay que educar a los niños para que, cuando escuchen a su amigo decir "Oye, ¿y si violamos a la niña esa?", les respondan con claridad diciendo: "¿Tú estás loco? Déjate de tonterías y déjala en paz".

 

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