La Conversión De Zapatero

Hace más o menos 14 años, en plena era de la famosa pinza, pude presenciar con mis propios ojos una imagen única: Julio Anguita, otrora presidente de Izquierda Unida, en un altar y, tras de él, un gran crucifijo reinando aquel espacio. No, no es que Anguita se hubiese metido a cura, sino que dio una conferencia en una capilla de un colegio mayor debido a que ésta tenía mayor aforo que el salón de actos donde estaba previsto aquella conferencia. Acudió mucha gente, se desbordó y el director del colegio decidió abrir la capilla para que todos pudiesen estar cómodamente sentados.
Hace 14 años no existían las cámaras digitales, ni las cámaras de los móviles, y ni siquiera los móviles. Si no, seguro que a la mañana siguiente esa imagen de Anguita con el gran crucifijo detrás de él hubiese sido portada de algún periódico conservador. Y algo así ocurrirá el día después de ese desayuno de oración al que Obama ha invitado a nuestro Zapatero. Los fotógrafos se están frotando las manos pensando en dicho momento, rezan para que allí donde estén haya un gran crucifijo, porque saben que su foto será de las que se recuerdan y de las que crean polémica.
Zapatero en un desayuno de oración, lo cual no es lo mismo que Zapatero en una misa. Al presidente le hemos visto muchas veces en una iglesia, por desgracia, debido fundamentalmente a que se trataba de funerales de Estado. Es un acto oficial de estado y, por tanto, nadie se extraña de verle allí sentado. Pero, en cierta manera, la asistencia a un funeral es un acto pasivo al que un ateo puede acudir simplemente por respeto al fallecido. Sin embargo, un desayuno de oración implica cierta actividad para aquel que acude.
Mientras Obama y los demás invitados están en aquel lugar concentrados en sus oraciones... ¿en qué pensará Zapatero? ¿Canturreará en silencio aquella de "el abuelo fue picadooooor, allá en la miiiiiiiiiinaaaaa"? ¿Repasará la lista de la compra? ¿La de los Reyes Godos? A un ateo le suele parecer incómodo el momento de la bendición de la comida, y eso que dicho momento no suele durar más de treinta segundos. Pues imagínense este acto norteamericano lo que puede durar...
En cualquier caso, todo acercamiento a las celebraciones religiosas por parte de un ateo supone un hecho que implica normalidad y respeto. Más polémico hubiese sido si ZP hubiese rechazado la invitación. Así que desde aquí animamos a nuestro presidente para que acuda al acto y demuestre un saber estar y una actitud abierta y receptiva, quizás esto le sirva para que, una vez aterrizado en España, y alejado ya de la luminosa presencia de Obama, tome una actitud menos beligerante con la Iglesia Española y las creencias tan aposentadas en nuestra sociedad.