Hijo De... La Luna

De nuevo un micrófono encendido ha hecho de altavoz público de la conciencia de uno de nuestros políticos más populares. En esta ocasión, le tocó a Esperanza Aguirre, la cual tiene tantos frentes abiertos que es fácil pillarle algún exabrupto. La Presidenta de la Comunidad de Madrid, la guerrera Aguirre, dijo en mitad de una conversación telefónica: "Menos mal que hemos podido darle a IU el sitio del hijo de p-u-t-a".
Mal, señora Aguirre, maaaaaal. Por Dios, una señora de su edad diciendo esas palabrotas. Una señora de su educación, de su clase, medio vizcondesa de algo que es, y resulta que en su vocabulario cotidiano introduce semejante palabro malsonante. Y encima, lo utiliza como calificativo de un compañero de partido. La suerte, es que usted se calló el nombre del hijoputado, así que gracias a eso, usted ha salvado su estilizado cuello político. Porque de haber puesto apellidos a semejante insulto, no hubiese habido manera de librarse de alguna buena reprimenda.
Una compañera suya ha querido quitarle trascendencia al hecho argumentando que se trataba de una conversación privada. Pero, a mi juicio, esto es lo que lo hace aún más grave, ya que se entiende que los políticos, cuando hablan en privado, es cuando dicen sus verdades, y cuando lo hacen en público, es cuando mienten.
Los políticos están siempre encorsetados por una imagen pública del que no se pueden salir ni un milímetro. Sus actos han de ser siempre limpios y que no den lugar a comentarios que le puedan perjudicar. Eso les obliga a ser tremendamente falsos, ya que todos los sentimientos negativos que puedan tener se los han de callar.
Gracias a los micrófonos encendidos, sabemos que el desfile nacional es un coñazo, que un tema de economía de Estado puede aprenderse en dos tardes, que manda huevos, y ahora que tal señor del PP madrileño es un hijo de la gran... fruta. Eso para opinión de Esperanza Aguirre, claro, porque para otros muchos ese señor es todo lo contrario.
Este desliz microfonal ha servido para calibrar el grado de odio que la Presidenta siente hacia su compañero de partido. Hasta ahora pensábamos que le consideraba un co-ña-zo, o un pel-ma-zo... pero de esto a hijo de... hay una gran distancia.
La mejor manera de que los micrófonos no pongan voz a las conciencias es que no se tenga conciencia, pero como eso es imposible, lo mejor es hacer que la conciencia sea políticamente correcta, así no habrá desliz que les haga mostrarse tal y como son.