El Abuelo

Llega un momento en muchas familias en el que las personas que más han influido en la construcción y la conservación de la misma, empiezan a perder peso en dicho núcleo familiar. Algo así parece ocurrir en España con el Rey Juan Carlos. Hace 35 años fue el artífice de nuestra bendita transición, y en 1981 nos libró de un golpe de Estado que a saber en qué hubiese derivado. Por entonces, un joven Rey iba dictando los modos y los tiempos, contando para su lucidez con más intuición y entusiasmo que experiencia y años.
Como el doctor Frankenstein, una vez creado el ser, lo dejó libre... y quedó para el creador una parcela privilegiada de escasa capacidad actora. Nos representa en el extranjero y ejerce de comité de bienvenida cuando nos visitan los mandamases de fuera. Para los comunes, se convirtió en una especie de stand Vip al que todos quieren visitar, todos desean tener en su despacho una foto con el Rey estrechándole la mano.
Los partidos políticos ejercen todo el poder ejecutivo, porque ya somos una democracia treintañera, y se supone que ya se apañan ellos solitos para dirigir bien los destinos de los ciudadanos. La monarquía es la institución más respetada por los españoles, y la clase política... de las más denostadas. Quizás el Rey mantiene ese estatus precisamente por no mojarse más de la cuenta en los quehaceres políticos. Los políticos hablan mucho y la fastidian... el Rey habla poco en público y sin improvisar y... siempre acierta.
En estos días, Don Juan Carlos ha recomendado a los partidos políticos que lleguen a un pacto para aliviar así el problema de la crisis económica que amarga a muchas familias. Y seguramente ha pedido un pacto porque bien sabe él lo productivo que puede llegar a ser un estrechón de manos. Algunos políticos se han molestado con el monarca, ya que piensan que se ha excedido de sus funciones. Pero, ¿hasta qué punto quiere la sociedad que llegue la neutralidad del Rey? ¿Queremos a un Rey impasible a los problemas de España como país? ¿Acaso no se aprecia esta preocupación de quien tanto hizo por hacer de España una nación democrática y abierta al mundo?
Quizás muchos quisieran ver a Don Juan Carlos en el hogar del pensionista, limitándose a leer el periódico, jugar un dominó y regar las plantas por las mañanas. Otros muchos, en cambio, nos sentimos a gusto con la figura de un monarca que, sin propasarse en sus funciones, demuestre siempre una actitud de preocupación por los problemas de los españoles. Nos gusta la figura de ese gran abuelo al que un hijo o un nieto pueden acudir para pedirle consejo, pues los años y las experiencias vividas son aval suficiente que acreditan un saber estar y un saber pensar.
Majestad, sus palabras serán siempre bien recibidas en España.