Estos días se han vivido unos hechos desagradables en Valencia. Una manifestación de estudiantes de un instituto devino en un enfrentamiento con la policía. Lo que ocurrió en esos momentos de tensión es algo que sólo sabrán a ciencia cierta los que allí estuvieron y vieron. Todos los demás, tendremos una imagen desenfocada,

Desenfocada, porque una vez producidos los hechos, cada parte tiende a hacer valer su visión y su versión de los hechos. Porque, al fin y al cabo, dentro de una verdad hay muchas verdades, pero también muchas mentiras.

Y como hay muchas verdades, cada parte tira de la suya para querer convencer a los que somos meros espectadores de la noticia, una misma noticia con versiones diferentes según quién la dé.

Por otro lado, quisiera destacar dos figuras importantes dentro de todo este lío de Valencia: los mass media y la fígura del líder estudiantil. Hemos visto imágenes en las que casí había más periodistas que manifestantes. Fotógrafos y cámaras de televisión queriendo sacar la imagen del día, entremezclándose con los policías y los manifestantes, siendo parte de todo el tinglado, porque, aunque su función en principio es de puro registrador de los hechos, también tiene una función alentadora. Una cosa está clara: mucha gente, al saber que una cámara le está enfocando, tiende a exagerar su comportamiento, seguramente al sentirse protagonista, al saber que luego le van a ver en los telediarios. Alguien debería hacer un estudio profundo sobre esto último que comento.

Y si hay alguien que se siente protagonista, éste es la figura del líder. Y en este jaleo de Valencia tenemos a un líder estudiantil, Alberto Ordóñez, que al más puro estilo Bravehart, pero con altavoz en mano, gritaba a las "masas" algo que aún retumba en mis oídos: "Si no liberan a los detenidos, esta lucha será a sangre y fuego".

A sangre y fuego... Curiosamente, ese término conforma el título de una obra escrita por el periodista Manuel Chaves Nogales, y que por suerte lo podemos encontrar hoy en día en las librerías. Esta obra concentra nueve relatos cortos de ficción basados en hechos reales acontecidos durante la Guerra Civil Española. Chaves Nogales fue ninguneado en su época porque quiso centrarse en su labor de ser transmisor de la barbarie que vio y vivió en ambos lados. Sin detenerse en determinar cuál de las dos partes tenía razón, en sus relatos sólo contemplamos el horror de la guerra, en cómo los hombres pueden contagiarse de un salvajismo atroz, cada uno agarrado a su verdad, pero actuando los dos de la misma forma.

Alberto Ordóñez, seguramente, no sabe lo que significa "a sangre y fuego". Si lo supiera de verdad, seguro que no hubiese utilizado ese término. Y si resultara que sí sabe lo que significa, entonces ese joven no debería acaparar ni un minuto más la atención de los medios ni de los partidos políticos. Le recomiendo a él, y a cualquier ciudadano, la lectura de esta obra de Chaves Nogales. Porque las causas, incluso (y sobre todo) las justas, han de lucharse siempre con la voz, y no a sangre y fuego.